Llegué al lugar, pregunté si ese era el puesto para renovar el carnet de identidad, aunque arriba del puesto tenía el tremendo cartel que decía: CÉDULA DE IDENTIDAD". Sí, era. La señorita me dijo que sacara un número de atención, lo saqué y, sin mentirles, ¡me llamaron al tiro! Me pidieron el RUT y me dijeron que eran $3800, me sorprendí, pensé que eran como "cinco lucas" o más incluso. Con una sonrisa le pasé diez y feliz recibí el vuelto. (je, je, je).
Mis datos salieron en pantalla, con mi hermosa foto del pasaporte, una foto de identificación espectacular, la más bella de todas las fotos de carnet. No como la de mi carnet vencido. Por fín tendré una foto decente para presumir, pensé. No tendré que tomarme una fotografía ahora, con mi pelo chascón y mis ojos de recién despierta, aunque eran las 13:45 de la tarde, buena hora para ir hacer trámites cuando cierran en quince minutos más. Volviendo al tema. Mientras me llenaba de alegría por la gran noticia que se había formado en mi cabeza, escucho una vez más a la señorita diciéndome: "mire para el frente, hacia la cámara". ¡¿Qué?! No, no. Espere, espere. Deje arreglarme el pelo ¿no hay un espejo por aquí? ¿no? no.
"¿No puedo quedarme con la foto del pasaporte? le pregunté. No, me respondió. Bueno. No exagero, pero ¡me tomé como cinco fotos!
En la primera salí como lo pensé, con mechones de pelo desordenados. Le pedí a la mujer que me atendía que me tomara otra. Me la sacó y dijo: "Ésta está peor que la anterior" La miré y me maté de la risa; mis ojos estaban entrecerrados, como si hubiese recién despertado, chascona y cara de sueño. Mal. No. no. Le dije, por favor otra. Me tomó otra pero mi cara se veía muy gorda ¿Puede ser otra? le pregunté. "Bueno, pero esta es la última." ¡Ah, no! qué presión. Respira, Yenny. Esta es tu única oportunidad. Respiré hondo y sonreí con la mirada, porque mi mamá me dijo que no podía salir sonriendo con los dientes... cosas formales, según ella. No sé si es verdad, pero no me atreví a abrir mi boca.
Me mostró la foto y milagrosamente me gustó. "Está bien", le dije con un tono despreocupado, pero por dentro estaba feliz. La señorita imprimió unos papeles y me dijo que en una semana más debía volver con ellos a buscar mis carnet. Le di las gracias y me fui.

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