Recuerdo cuando eramos amigos con Cristian e íbamos al cine con los chiquillos, o a la playa (lugar que no le agrada mucho, pero que aún así compartía con nosotros). ¡Qué me gustaban esas salidas! Compartir con amigos, tener tiempo para conocer nuevos lugares y generar buenos recuerdos, son cosas que hacemos hasta el día de hoy y disfrutamos mucho.
Un día, con Cristian fuimos a pasear a la playa. No recuerdo qué hicimos en el día, qué comimos o qué conversamos, pero nunca olvidaré cuando estábamos estirados en la playa de noche, relajados mirando el cielo y conversando qué se yo de qué, cuando de repente, sentimos como todo nuestro cuerpo se empapó de agua. Una ola había llegado hasta donde nosotros estábamos. Nos paramos de una, pero ya era tarde. Mis pantalones, y polera ya estaban llenos de arena mojada. Para qué decir cómo quedó él. Nos reímos mucho, pero nos fuimos a penas a nuestras casas.
Siempre vi al Cristian diferente a los demás. Su dedicación en los estudios, la habilidad de tener tantos amigos, y buenos amigos. Me daba cuenta que él también era un gran amigo, siempre ayudando cuando alguien lo necesitara, sin pensarlo.
Nuestra amistad siempre fue diferente a las demás, él siempre me trató diferente que a las demás chiquillas. Era más tierno y nuestros amigos nos molestaban por eso. A pesar de que era agradable sentir que alguien se preocupa por uno, yo no quería que pensaran otra cosa además que éramos buenos amigos. No quería ilusionarlo, aunque pensara que quien estuviera con él, sería la mujer más afortunada del mundo. Eso sí, yo no tenía ganas que llegara una nueva amiga ocupando ese lugar, pero tampoco me imaginaba a mí ocupándolo, aunque nuestros amigos así lo querían. Lo que sí, con el Criss siempre tuvimos muy buenas conversaciones de amigos, nos contabamos a quíen nos gustaba y cómo iba ese proceso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario