viernes, 6 de abril de 2018

El viernes que extrañaba

   El viernes que hace años no vivía, hoy. Sentada desde un local de la calle Pedro Montt en Valpo, escribo estas palabras.
    Creo que nunca había venido a un local a comer sola, pero el hambre me ganó.
    Después del colegio, tuve que partir inmediatamente para acá, (lo digo así porque desde la ciudad del puerto escribo) porque hoy se cumplían los cinco días hábiles para retirar los documentos que pedí la semana pasada, como contaba en la publicación anterior. Me arriesgué, porque no llamé antes de partir, pero no importaba. Tomé mi libro y salí. Sí, estaba. Bien. Aprovechando el viaje, bajé al plan y me puse a caminar por las calles que hace meses no visitaba, cosa que me encanta porque me encuentro con ferias artesanales, música en la calle y libros baratísimos. Compré algunos materiales típicos de profesora y otros para los niños, algunas artesanías y, lamentablemente no encontré ningún libro bueno. Pero el hecho de venir a relajarme un rato, caminar por las plazas y llenarme de Valpo, fue suficiente para mí.
    Terminé de comer mi completo, disfrute mi jugo natural de durazno y ahora vuelvo a mi Quilpué. La ciudad que me da la tranquilidad, después de un loco día en Valparaíso de Chile.







Estaba bueno el italiano. 

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